Drama y nitroglicerina

Drama y nitroglicerina

jueves, 8 de diciembre de 2016

ANDENES EN TIEMPOS DE GUERRA

Quise quedarme en aquel andén en que hendiste mi tristeza.
Oía el sonido seco al partirse a la mitad 
todo aquel abatimiento. 

Podía sentir pájaros en mis pulmones 
que aleteaban clavando su fe en mis costillas.

Después de ese día,
fui incapaz de volver a subir a un tren,
por miedo a olvidar ese idílico instante 
que me alejó de las treguas envenenadas, 
dando rumbo y tiempo a mi esperanza.

Yo no quería volver al lugar de los solitarios.
No sin ti.
No sin ser capaces de hilvanar los rasguños 
que aún adornaban la piel.

En cada viaje, 
solía jugar al arte de la adivinación 
¿qué pensaría cada una de esas personas 
mudas y frías que adornaban los vagones? 
¿Serían ellos capaces de descifrar, 
solo con mirarme, 
esta manía mía de amarte?

Eran tiempos de reflexión 
y a menudo solía pensar que la belleza
cuando es simétrica y perfecta, 
suele encerrar una verdad de sufrimiento 
inculcada por la preponderancia 
de la hipócrita mirada del que no ama.

Pero la belleza no sólo se mira,
también se inhala.
La belleza ruboriza la piel,
se abraza,
se huele
y a veces duele 
como secuela del placer de los besos convertidos en dentelladas
para llegar a la esencia del contrario.

Ese día,
contaminaste mi sangre con toda la belleza de un instante imperfecto 
que te hizo perenne en mi vida.

Mi mirada huía de forma tangencial 
como previendo ese momento 
en que tus impulsos se acompasasen con el tañido 
de un corazón en quiebra. 

La victoria se fugaba por la curva de nuestros cuerpos. 
Asintótica ironía 
que acercaba la piel pero la mantenía lo suficientemente distante 
como para impedir el resuello 
de los amantes presos en conflictos de intereses.

Ese día,
yo me iba
mientras tú me dabas la bienvenida, 
mostrándome aquel hipnótico tiempo breve de pactos de amor.

Ya he gastado el billete de ida 
y me aturde el ruido frío del metal contra las vías 
de este regreso a un pasado sin ti. 

No he sido capaz de volver a subir a un tren,
pero clavo mis pies cada día en aquel andén que aplazó la guerra
para mostrarme que este trayecto que llaman vida 
lo quería pasar contigo.


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