Drama y nitroglicerina

Drama y nitroglicerina

viernes, 14 de octubre de 2016

Apenas
cuatro letras.
Y cabe tanto dentro.
Y duele tanto
cuando te dejan
fuera.
KARMELO C. IRIBARREN.

Tú aún no lo sabes,
pero te llamo amor.
Te llamo amor más allá de la lujuria que me provoca la avidez de tu mente.

Llevo tiempo deshilvanando toda la poesía que había escrito,
hasta estos días inaplazables de encuentros  imperceptibles,
mientras te llamo amor.

Te llamo amor como un impulso provocado por mi sistema nervioso simpático.
Una contracción de toda la desdicha que ha hecho naufragar mi fe.

Un esfuerzo sobrehumano el mío por tratar de no llamarte amor,
para no escribirte en prosa la carta más triste de la historia que no viviremos.

Hoy,
recorriendo paisajes para saltar sin red,
te he llamado amor
y tú no lo has oído porque tus tímpanos retumbaban lejos de mí,
sobre otro pecho,
lejos de mí,
tan lejos como la escasa confianza que me quedaba cuando llegaste a este desembarco             [en mitad de mareas muertas.

Te llamo amor mientras estudio la anatomía de tus manos.
¿Cuánta fuerza albergan sus tendones?
Esa conjunción de unos ligamentos que no se si unen tus huesos o destierran mi
            [oración.

Hoy le he preguntado a Dios por qué te llamo amor
y se ha limitado a pedir mi crucifixión con la penitencia de saber que otra boca es
            [la que te llama amor.

Te he llamado amor mientras intentaba medir el frío de tu ausencia en grados       
            [Fahrenheit
y mi pecho se licuaba por  un proceso de refrigeración medido en grados Celsius.

Una presión atmosférica cercana a la insurrección de este deseo
de enseñarle al mundo como te llamaría amor
si no existiera un quién,
si no nos limitara un cuándo.

Te llamo amor en mitad de este estío,
esta canícula que no deshiela mi torso aterido
mientras recuerdo que no me he ganado esa dilección
que reclamo con el sigilo de unos labios que no pronuncian la palabra amor.

Te llamaré amor durante un lapso impreciso de tiempo.
Cerraré ciclos mientras te llamo amor en plena omisión del movimiento de mis
            [mandíbulas.

Miraré a los ojos de mis futuros  hijos
mientras recuerdo que no tuve el valor de llamarte amor
porque yo nunca devengué el derecho a sentir el hálito de tu lengua llamándome   

            [amor.

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